La emersión #1

Deseos y personas

por David Armengol

Si existe en Barcelona una pequeña parcela dedicada al arte contemporáneo que aún mantenga cierto estado de buena salud, es sin duda la escena emergente. Una escena fértil y entusiasta que, pese a acarrear con los problemas propios de los contextos específicos – la dificultad y limitación de acceso a otros -, mantiene el tipo en la ciudad a través de diferentes espacios, recursos y estructuras dedicadas al arte emergente o en vías de consolidación.

Lugares, situaciones y momentos en los que un artista podría satisfacer alguno de sus deseos iniciales de trabajar en arte: exponer, formar parte de algo, producir, cobrar un poco por lo que hace, vender incluso… En definitiva, una suma de lugares y personas – sobretodo de personas – capaces de sostener los escenarios y los tiempos del arte emergente en Barcelona. Y subrayo personas porque la mayor parte de las veces, las estructuras son débiles, pero las personas que están en ellas fuertes. No es lo ideal, pero a veces la potencia depende más del capital humano que de cualquier otro tipo de capital.

Pese a la debilidad de las estructuras – no quiero insistir en esto porque de hecho ya las sabemos todos (falta de recursos, ausencia de proyección, circuitos cerrados en si mismos, etc…) -  existen en Barcelona una serie de espacios coordinados por personas que sostienen un contexto interesante para el desarrollo de la práctica artística. Y obviamente existen más de los que aquí vamos a comentar, pero estos son los que conozco bien, y los que pienso que mantienen, en lo emergente, una escena fructífera y potente. Fuera de lo emergente, la ciudad es un desierto.

A nivel institucional, existen tres convocatorias interesantes en Barcelona centradas en el arte joven (aquí sí uso el término generacional) Por un lado Can Felipa Arts Visuals con Joana Hurtado al mando discursivo, Sala d’Art Jove con Oriol Fontdevila y Txuma Sánchez y Sant Andreu Contemporani con el equipo formado por Alexandra Laudo, Pablo G. Polite y Jordi Pino. La mayor parte de ellos, perfiles híbridos (artistas, comisarios, críticos) que compaginan su trabajo individual con sus funciones en la gestión y coordinación de dichos equipamientos. Las tres funcionan por convocatoria anual y ofrecen buenos marcos de profesionalización de la labor del artista en diversos momentos iniciales de su trayectoria. Cada una tiene sus especificidades, y entre ellas tienen la complicidad y la empatía necesaria para coordinarse bien y para no pisarse, no competir y dibujar juntos un buen recorrido para los artistas.

Las tres convocatorias consiguen que un artista que esté dentro de los parámetros – sean justos o no – marcados por las convocatorias (menores de tal edad, residentes en Catalunya, en España…) se encuentre ante un pequeño circuito excitante para empezar o seguir trabajando en arte. Excitante y peligroso, ya que no pueden quedarse sólo ahí, y a veces pasar por ahí y descubrir que eso era todo resulta ser una experiencia frustrante. También está Hangar, con el trabajo de Tere Badia y su equipo, y BcnProducció con Oriol Gual y el suyo, y Espai 13 en la Fundació Joan Miró con Martina Millà, aunque estas son estructuras que deberían situarse en una escala distinta. Receptivos al arte emergente – pienso por ejemplo en el Cub y en la buena experiencia que es para un artista pasar dos años en Hangar, residir en el extranjero con una de sus becas o exponer en el Espai 13  – pero centrados en un perfil un poco más avanzado. Si pienso en el ámbito institucional de la ciudad, coja como está de espacios intermedios para la práctica artística, me vienen a la mente dos espacios que llevan también un tiempo apostando por el arte emergente: la Fundació Suñol y Sergi Aguilar con las programaciones del Nivell Zero, y la Fundació Tàpies y su directora Laurence Rassel y su equipo con sus colaboraciones regulares con espacios de arte joven como Can Felipa o la Sala d’Art Jove. Y sí, quizás el MACBA es viu está generando una buena plataforma de eventos y performances regulares especialmente centradas en el contexto local.

De todos modos, y por suerte, el ámbito institucional no es el único que juega un papel aquí. La mala gestión cultural de la ciudad, así como la falta de apoyos oficiales al ámbito del arte contemporáneo ha potenciado la proliferación de iniciativas independientes que están trabajando de un modo muy intenso y certero. Quizás yo no los conocía y siempre ha habido una buena presencia de espacios independientes en la ciudad, pero diría que ahora – y hablo de los últimos 15 años aproximadamente – hay más que nunca. Un escenario indie muy activo donde nos encontramos con proyectos más movidos por la pasión que por la economía. Proyectos surgidos de lo doméstico – como Halfhouse de Alberto Peral y Sinéad Spelmann, Homesession de Olivier Collet y Jerome Lefaure, JiM Contemporani de Jack Davidson y Miquel Rodés o El Palomar de Mariokissme y Rafa Marcos  – que ofrecen exposiciones, eventos y algunos residencias. Proyectos de redefinición de la galería, como The Green Parrot de Rosa Lleó y Joao Laia (que cuentan además con un pequeño equipo junto a Zaida Trallero y Beatriz Escudero); EtHall de Jorge Bravo, La Galería Encantada de Patricia Carrasco, o me & the curiosity de Carmen Cruañas… U otros proyectos más procesuales definidos por miradas amplificadas sobre el hecho artístico, como Espacio Práctico de Aimar Pérez-Galí desde lo escénico o Espai nyamnyam desde lo gastronómico.

Por otro lado, nos encontramos en un momento delicado y a la vez propicio a lo colectivo. Algo que ha hecho que surjan destacadas iniciativas grupales. Grupos amplios y flexibles de personas con intereses comunes capaces de generar eventos artísticos e intervenciones efímeras de manera regular, como el colectivo PLAGA por ejemplo (que al menos en 2014 ha estado formado por Caterina Almirall, Anna Dot, Gloria Guso, Palma Lombardo, Blai Marginedas e Irina Mutt) o domestica, una propuesta de Antoni Hervàs y Ariadna Parreu que, en su último evento expositivo (ubicado en un domiclio particular) contó con más de un cententar de artistas vinculados al contexto artístico de la ciudad.

Y si uno de los principales problemas de los contextos específicos – y más en una ciudad como Barcelona (grande para tener una escena propia pero pequeña para que ésta sea relevante más allá de su territorio) es conectar con otros entornos, y que esto permita a los artistas viajar y trabajar en otras geografías (uno de los deseos de cualquier agente artístico: trabajar más allá de lo local), en los últimos años ha habido algunas iniciativas independientes dirigidas a esta finalidad, como Bar Project de Juan Canela, Andrea Rodríguez Novoa y Verónica Valentini. Un proyecto de residencia de artistas y comisarios extranjeros en la ciudad que, de nuevo por el entusiasmo de personas concretas, potencia el intercambio y las relaciones directas entre la escena de Barcelona y las de los países de los agentes invitados. Un sistema sencillo, afectivo y próximo para poner en contacto personas, lugares, intereses y posibilidades de trabajo conjunto.

Para finalizar, y consciente de que éste es sólo un repaso rápido y parcial a algunas de las cosas que suceden en el presente de Barcelona, y que de algún modo definen y sustentan una parte importante del panorama artístico de nuestra ciudad, querría hacer mención a lo que sucede entre este tipo de arte más inicial y el ámbito de la galería, ya que  quizás esto es una buena noticia. Parece ser que las galerías están apostando cada vez más por artistas de menor trayectoria – la lectura bienintencionada es que es por riesgo y por fe, la malintencionada es que es por supervivencia y estrategia – y esto está haciendo que algunos artistas estén entrando en el mercado de un modo más directo. Galerías que arriesgan como Nogueras Blanchard de Alex Nogueras y Rebeca Blanchard, +R de Ana Mas y Rocío Santa Cruz o Adn (galería y Platform) de Miguel Ángel Sánchez. Un hecho que ha ocasionado también la reciente organización de algunos eventos especiales – como Jugada a tres bandas o ArtNou – sensibles a un perfil de artistas de trayectoria menor. Un gesto que, cuanto menos en lo simbólico y en la asistencia de público (a nivel de ventas y coleccionismo es otro tema), ha generado buenas dinámicas de trabajo y complicidad entre los artistas y las galerías de la ciudad. Veremos como sigue la cosa, y quizás en próximos artículos de La emersión podemos analizar qué supone esto desde el punto de vista de los artistas, de los galeristas o incluso de los coleccionistas. También en siguientes artículos iremos hablando de un modo más detallado con algunos de los protagonistas de los escenarios del arte emergente de la ciudad, e iremos ampliando el mapa con otros espacios y agentes que aquí aún no aparecen, apuntando también hacia otros ámbitos paralelos del trabajo en arte, como el formativo, la crítica y la producción. Por último, La emersión tratará también otros espacios y hablará con otras personas que trabajan fuera de la ciudad, estableciendo vínculos de proximidad con el contexto de Barcelona, tanto a nivel nacional como internacional.

De momento, una primera idea: como en cualquier otro lugar, la escena del arte en Barcelona es una suma de deseos y personas. La suma de dos potencias básicas:  ganas de hacer y tiempo de dedicación.

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