La emersión #2

Un laboratorio sobre arte emergente: Can Felipa Arts Visuals

Entrevista a Joana Hurtado

por David Armengol

A finales de 2014, Carmen Cruañas y yo nos reunimos con Joana Hurtado en el Centre Cívic Can Felipa para charlar sobre los programas de arte contemporáneo de Can Felipa Arts Visuals, así como de su papel dentro de la escena artística emergente de Barcelona.

Can Felipa Arts Visuals es una de las convocatorias de referencia dentro del panorama artístico catalán. Un modelo insertado dentro de la estructura del Centre Cívic Can Felipa que ha generado dos líneas de trabajo dedicadas a la creación contemporánea: las artes escénicas y las artes visuales.

Joana Hurtado, comisaria, crítica de arte y gestora cultural coordina todo aquello relacionado con las artes visuales en Can Felipa. Mientras estaba viviendo en París cursando su doctorado, conoció los programas de arte de Can Felipa y en 2008 – junto a Eloy Grasset – ganó la convocatoria de comisariado con Efecte cinema, una muestra colectiva presentada en Can Felipa a inicios de 2009 que revisaba la influencia cinematográfica en la práctica artística actual. En aquel momento Joana no lo sabía, pero en junio de 2010 entraría formar parte del equipo estable del centro trabajando junto a Jordi Boldú, artista y gestor cultural vinculado al centro durante varios años. Con el tiempo, Joana Hurtado se ha convertido en la persona de referencia sobre arte contemporáneo dentro de la institución.

Al margen de su labor gestora, Hurtado ha escrito crítica de arte y cine para numerosas revistas y para el Cultura/s de La Vanguardia (su gran pasión no es la gestión, sino la escritura), ha comisariado el ciclo Catedrals a la capella para la Capella de Sant Roc de Valls (2011-2013) o la programación videográfica Pop Up. Ver es añadir en Caixaforum Barcelona (2011), desarrollando una práctica curatorial siempre cercana a los tres ejes que parecen marcar su posición en arte: el arte emergente, la crítica y el cine.

Nuestra conversación empieza incidiendo de manera general en las convocatorias de arte emergente. De las virtudes y los defectos de los “concursos” puesto que, nos gusten más o menos, se trata de plataformas que ofrecen buenas opciones de visibilidad y profesionalización del trabajo artístico.

JH: De entrada, veo más “pros” que “contras” en las convocatorias. Creo que se trata de una vía posible entre todas las que podemos encontrar. En este sentido, depende de cada uno decidir cuáles son las puertas que quiere utilizar y cuales no. Las convocatorias son campos de profesionalización abiertos a todo el mundo pero que la vez dependen de una selección, y por lo tanto de una competitividad. Por ejemplo, el programa de artes visuales de Can Felipa está dentro de un centro cívico, y esto es muy importante. Hay gente del barrio que pide de exponer en el centro, pero este marco de profesionalización hace que el uso del espacio expositivo quede marcado por la convocatoria. Pienso que, ya desde la época en que el programa lo llevaba Jordi Boldú, hay ciertas diferencias con las otras dos convocatorias de la ciudad (Sala d’Art Jove y Sant Andreu Contemporani). Por un lado no tenemos límite de edad, y por lo tanto no tiene que ver sólo con una cuestión de juventud. Por el otro, el concepto de la convocatoria de Can Felipa no es el del premio: aquí se les pide que piensen un proyecto adecuado a una sala y a un barrio, que después trabajaremos entre todos, artistas, comisarios, tutores y diseñadores.  Pese a que es habitual que los nombres se repitan entre las tres convocatorias, tengo la sensación que nos llegan cosas diferentes, específicas, y que pueden suponer apuestas singulares más allá de la trayectoria curricular.

Seguimos hablando ahora de estos elementos distintivos de Can Felipa Arts Visuals. Si el objetivo está claro – ofrecer un buen marco de profesionalización a los agentes artísticos emergentes o en vías de consolidación – cuales son las herramientas, procesos de trabajo y experiencias que ofrece el programa?

JH: Para mí, el elemento principal que caracteriza el programa entero, y que se traduce en la convocatoria, es la sala de exposiciones, que es un lujo. Tenemos un espacio expositivo muy bueno, con muchas posibilidades para alguien que empieza, con un espacio grande para mostrar del mejor modo aquello que se quiere. Esto revierte directamente en la convocatoria, puesto que incorpora una modalidad específica dedicada al comisariado, que también es un aspecto determinante de Can Felipa. Las otras convocatorias de la ciudad no contemplan proyectos curatoriales,  la única sería BCN_Producció, que se encuentra ya en una franja de trayectoria artística un poco más consolidada. A partir de la centralidad de la sala y a través de la convocatoria, se seleccionan dos proyectos y de la de artistas se lleva a cabo una exposición colectiva, dando lugar a las tres exposiciones que ocupan una temporada de Can Felipa. Por otro lado, decidí incluir una tercera modalidad, que es la de Comunicación Gráfica. Antes de esto, existía una de investigación, pero pensé que esta tercera vía no hacía falta que fuera independiente, puesto que se encontraba insertada dentro de la misma de creación artística. Otro motivo fue que en Can Felipa Arts Visuals todo se decide de manera consensuada y grupal con los miembros del jurado, excepto, hasta ese momento, el diseñador, que lo decidía el coordinador. Incluir la gráfica en la convocatoria suponía hacer más transparente y coherente el programa, y además, ofrecía opciones de trabajo a diseñadores emergentes interesados en el campo del arte contemporáneo. Creo que este es otro elemento fundamental y distintivo de Can Felipa, que está dando muy buenas experiencias, y a la vez abre alternativas a diseñadores que buscan un espacio donde desarrollar propuestas más creativas y personales, al margen de los estudios de diseño donde trabajan. Esto hace que cada temporada se genere un equipo nuevo de jurados, artistas, comisarios, diseñadores, y la confección de esta red es el motor de Can Felipa.

Una vez analizada la convocatoria y aquellos elementos que la definen, preguntamos a Joana por los vínculos y relaciones entre el doble usuario de Can Felipa. La comunidad artística que aplica, expone o sigue su programa y el público general y no especializado – en arte visuales o en artes escénicas – del centro.

JH: La relación entre este doble usuario es una novedad que hemos introducido en la convocatoria de este año. Además de la de creación, comisariado y diseño, se suma de forma transversal una especificad más: la mediación, dentro de lo que llamamos La(b) Felipa. Hasta ahora este doble usuario era una cosa externa a nosotros; es decir, no lo habíamos buscado, sino que nos encontramos en un espacio de creación dentro de un centro cívico, y por lo tanto esta dualidad de receptores nos viene dada por defecto. Pero desde un episodio concreto en 2013, en que se puso en entredicho la continuidad del programa, nos encontramos con una defensa de Can Felipa Arts Visuals tanto por parte del sector artístico como por parte de todo el barrio. Esto nos llevó a hacer auto-crítica y a pensar en dinámicas de trabajo capaces de unir y vincular de manera más fluida este doble usuario. Antes simplemente convivían en el mismo espacio, pero desde el programa no había un tratamiento específico. A partir de este año se ha introducido el La(b) Felipa, un programa de mediación que para su puesta en marcha está coordinado por Cristian Añó y que intenta comprender e involucrar todo el centro cívico, trabajadores y usuarios no solo del programa de artes visuales, sino también el de escénicas, los talleres y la cesión de espacios. Con la confección del La(b) Felipa, la idea es generar redes de colaboraciones entre todos aquellos agentes que participan en las actividades del centro, el barrio y la ciudadanía en general. Por este motivo nos parecía necesario incluir este perfil de medicación directamente a la convocatoria.

Vemos pues que el nuevo programa La(b) Felipa potencia las relaciones directas de la creación artística emergente con la comunidad de usuarios del centro y el tejido social del barrio. Seguimos hablando con Joana de las capacidades o las dificultades del programa para incidir en otro contextos artísticos. Contextos como el marco institucional, las iniciativas independientes o el circuito de las galerías y el mercado del arte.

 JH: En cuanto a las instituciones se busca una relación de base a partir de la misma convocatoria. Cada nueva edición genera un vínculo con una institución específica, de Barcelona o Cataluña, que participa directamente en el jurado. Y esto da unos frutos muy potentes, tanto a nivel relacional como de producto, puesto que se han hecho cosas innovadoras para la institución y también satisfactorias para los artistas y comisarios participantes. A nivel de espacios independientes, las conexiones se generan directamente a partir de los artistas, comisarios o diseñadores seleccionados; cuando quieren trabajar con alguna persona o lugar determinado, cuando quieren hacer alguna de sus actividades en algún espacio externo a Can Felipa… O incluso hay personas que han pasado por la convocatoria, y después han decidido abrir sus espacios independientes en la ciudad (cómo por ejemplo Nyamnyam o The Green Parrot). Al fin y al cabo, Can Felipa es un espacio institucional que funciona con pocos recursos y con una gran dosis de entusiasmo, así que las relaciones con iniciativas más independientes está a la orden del día. Por último, sobre el contexto galerístico, no hay una relación demasiado evidente. Me consta que algunas galerías tienen un ojo puesto en les convocatorias de arte emergente, pero no se puede decir que vengan a ver el espacio y se interesen por los artistas seleccionados.

Y ahora le planteamos a Joana una pregunta compleja, difícil de responder, quizás imposible. Cuál es el siguiente paso a Can Felipa – o a las convocatorias de arte emergente en general – para un agente artístico?

Tengo ideas al respeto, pero no tengo una respuesta definida. Pienso que nos encontramos en un momento que florecen iniciativas y se renuevan impulsos, y si antes quizás solo esperábamos a que la institución nos hiciera una propuesta concreta, ahora parece que hay mucha más gente que se lo monta por su cuenta, y esto fortalece el sector. Ahora bien, la institución tendría que estar más receptiva, y colaborar de una manera mucho más activa. Sobre los que pasan por aquí, yo por el que veo continúan haciendo cosas, consolidando su trayectoria, y esto es muy bonito. Si Can Felipa participa de estos procesos de consolidación, pues me alegra mucho. Aparte de esto, y en relación a este segundo paso, mucha gente está marchando, o mucha gente cree que ha de irse porqué aquí no ve más salidas , y esto es alarmante. Si tuviera capacidad de decisión, intentaría que esto no pasara tanto.

Y por último, cerramos la conversación con Joana hablando sobre las posibilidades de establecer relaciones más estables entre otros circuitos dedicados al arte emergente u otras ciudades y escenas artísticas.

Puesto que no hay un paraguas institucional real que trabaje para generar y mantener estas redes, al final todo depende de las relaciones que establecemos las personas que se encargan o nos encargamos de estos programas. A veces estas redes son frágiles, precisamente porque son personales, y cuando cambia la persona se acaba la colaboración. Con el La(b)Felipa ahora estamos desarrollando un trabajo muy intenso para amplificar y fortalecer las conexiones entre nuestra labor dedicado a la creación artística y el barrio del Poblenou, porqué solo si el vínculo es sólido y está arraigado puede tener continuidad. Otro tema es como establecer vínculos mas directos con otros contextos artísticos, nacionales como por ejemplo Madrid, y ya no digamos internacionales, cosa que sigue siendo un reto pendiente.

La emersión #2 – Entrevista a Joana Hurtado – PDF
La emersión #1 – Deseos y personas